viernes, 13 de marzo de 2009

Sueños de un mortal

Desperté una mañana sobresaltado, el sudor por mi frente corría, incesante, abrumador. Una sola idea invadía mi mente: era ella, sí, ella. Cual diosa, su imagen se forjaba en mi cabeza y me impedía pensar en otra cosa. "Rayos, he perdido mi libertad", pensaba, y estúpidamente me respondía: "no lo sé". Claro que conocía la respuesta, mi corazón ya no me pertenecía, y no será mío otra vez jamás. Quisiera que me lo devolvieras hermosa, mas sé que no lo harás, por eso, ahora tan sólo me resta soñar.

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